Gritar a nuestros hijos

Una escena cotidiana que veo en la calle es a padres o madres gritando a sus hijos.

Es una escena que me entristece por dos motivos, el primero es por la humillación que se le hace al niño/a y el segundo es porque en realidad no tienen ninguna utilidad pedagógica.

Sé que todos tenemos días malos, que vivimos con mucho estrés, que necesitamos nuestro espacio y que no siempre vamos a ser capaces de mantener el control.

Sé que se nos puede escapar un grito en un momento dado a nuestros hijos, el problema es cuando los gritos se convierten en una manera de relacionarnos con ellos.

Los gritos tienen varios inconvenientes:

Por una parte el miedo que producen en los niños. Lo que hace que te tengan miedo en lugar de confiar en ti.

Por otra los gritos originados por un enfado o frustración, hace que nuestro organismo genere químicos, que mantenidos en el tiempo, son  perjudiciales para nuestra salud, por lo que podemos terminar enfermando..

También el grito provoca que en el cerebro del niño se desactive la parte más racional y evolucionada y se quede activa la de supervivencia cuyas respuestas básicas son las de huida, lucha o paralización, por lo que nuestra parte de cerebro que es la encargada de aprender queda anulada.

Los gritos al principio, puede parecer que funcionan, aunque a la larga los niños se terminan acostumbrando y cada vez es necesario gritar más alto, para que surjan efecto.

Si quieres que tu hijo te escuche es más efectivo dejar de gritar y hablarle con un volumen adecuado, aunque el tono sea firme.

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